¿Los que van a Terapia están locos?

¿Te ha sucedido alguna vez que sientes que ya lo has intentado todo para superar aquella situación que te agobia y que a pesar de ello no has conseguido avanzar, o incluso sientes que te estás hundiendo aún más?

Tal vez después de experimentar esta sensación, también piensas que quizá hay otras posibilidades de salir adelante y que no las has explorado todavía.  Es entonces cuando comienza a rondar en tu mente la idea de que tal vez necesites ayuda profesional, es decir: Acudir a un terapeuta.

Al mismo tiempo puede ser que te resistas a esta idea preguntándote: ¿Pero qué no sólo los “locos” van a terapia? ¡Yo no estoy loc@!, Y además tener que contarle mi vida y mis intimidades a un(a) extraño(a) ¿Qué cosa podrá decirme para ayudarme si ni siquiera me conoce?

Como dice el dicho: De músicos, poetas y locos… todos  tenemos un poco. Eso significa desde mi punto de vista, que nadie es perfecto, ni el(la) terapeuta, ni los que buscan su ayuda. Eso sí, cada quien tiene su propia idea de locura, pero sea cual sea tu idea, te puedo decir que en terapia yo no veo “locos”.

Te puedo decir con toda seguridad que, en realidad, es la parte sana de nuestra personalidad la que nos indica que algo en nuestra vida no está bien y que necesitamos hacer cambios. Es aquella sensación interior de que las cosas pueden mejorar, que tienen que mejorar, que todavía hay algo más por hacer y que es posible obtener ayuda. Es más bien nuestra parte enferma la que busca seguir igual: sufriendo o haciendo sufrir.

La Terapia no es para “locos”, es para quienes desean superarse como personas, para quienes buscan mejorar como padres o como pareja y establecer relaciones más sanas y satisfactorias, la terapia es para quienes necesitan sentirse apoyados en tiempos difíciles.

La ayuda no la busca el “loco”, la busca aquel que todavía es capaz de confiar en que otra persona puede guiarle con objetividad a encontrar su camino y mejorar su calidad de vida, precisamente porque el terapeuta es un desconocido y eso significa que no está involucrado en sus problemas. Confiar en el otro es importante, refleja nuestra capacidad de confiar en nosotros mismos y de recuperar el control de nuestras vidas.

Finalmente puedo decirte que cada persona tiene su propio tiempo de cambiar o de buscar ayuda, lo importante es que no te cierres a esa posibilidad cuando llegue tu tiempo.

“Lo que nos daña no es tener problemas, sino quedarse inmóvil ante ellos viendo cómo destruyen nuestra vida”.

 

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