Las Historias Que Se Repiten

“Mi nombre es Pedro, tengo 36 años de edad y 24 años de alcohólico. Lo sé, suena demasiado tiempo, casi toda mi vida me he embriagado, pero siento que ¡YA BASTA, que tengo que cambiar de una vez por todas!

Comencé a beber a los 12 años, antes de llegar a los Estados Unidos cuando todavía vivía yo en mi país; pero la historia no empieza allí sino años atrás cuando yo era un niño pequeño. Mi padre llegaba cayéndose de borracho (casi diario) a la casa donde vivíamos con mi mamá y mis hermanos. Recuerdo cómo gritaba y nos insultaba a todos, especialmente a mi mamá. Yo corría a esconderme debajo de una mesa de madera, ¡Tenía tanto miedo! Creo que si hoy volviera a ver a mi padre, sentiría el mismo temor de antes, no estoy seguro, pero de lo que sí estoy seguro es del coraje que le tengo por la vida que nos dio. No me gusta decirlo, pero siento que lo odio y lo peor es que me odio a mí mismo porque estoy siguiendo exactamente sus mismos pasos.

Mi esposa y mis hijos están sufriendo por mi alcoholismo, yo también sufro porque veo el daño que les estoy haciendo y por eso HE DECIDIDO CAMBIAR”.
Desgraciadamente la historia de Pedro es de lo más común, tal vez tú mismo(a) tienes una historia parecida: una madre o padre alcohólico, agresión física o verbal, abusos, abandono, poca demostración de cariño, etc. Es decir, muchos crecimos en familias que no cumplieron con su función de proveer amor, seguridad y espacios de crecimiento. Pero lo lamentable no es tener un pasado doloroso, lo verdaderamente lamentable es que muchos, como en el caso de Pedro han elegido sin darse cuenta, repetir con sus familias la historia que tanto los hizo sufrir. A esto se le llama “repetir los patrones negativos”, lo cual causa gran culpa y frustración en la persona.
En la historia de Pedro él siente odio hacia sí mismo, tiene muy claro que está haciendo daño a quienes más ama y a sí mismo, pero no sabe cómo hacer las cosas diferentes porque así es como las aprendió y siente que no tiene otra opción. Y entonces todo sigue igual y con el tiempo la situación empeora. ¿Te ha sucedido algo similar?
La buena noticia es que los patrones repetitivos pueden romperse y tu historia al igual que la de Pedro puede cambiar positivamente su rumbo.

Para esto se necesita:
1. Tener un deseo profundo de cambiar. Deberás estar dispuesto(a) a tomar tu parte de responsabilidad en lo que sucede y a esforzarte hasta donde sea necesario.

2. Identificar los patrones negativos en tu familia que tú estás repitiendo. ¿Qué cosas dices, haces o piensas que son iguales a lo que hacían tus padres?

3. Tener bien claros los cambios que deseas. Haz una lista de las cosas concretas que quieres pensar, decir, hacer y sentir a partir de hoy. Por ejemplo:
a) Pensar: soy un buen padre/una buena madre.
b) Decir: “te quiero” a mis hijos.
c) Hacer: Abrazar a mis hijos, pedirles perdón.
d) Sentir: Tranquilidad y paz.

4. Practicar ser diferente. Comienza a “actuar” exactamente como te gustaría ser (siguiendo la lista que hiciste antes), aunque al principio te parezca difícil o extraño.

5. Buscar ayuda profesional si es necesario.

Rompe tus patrones negativos, cualesquiera que sean: Alcoholismo, Drogas, Celos, Depresión, Infidelidad, Machismo, Victimización, Abusos, Gritos, Falta de Afecto, etc. ¡Sí es posible! No esperes a que destruyan tu vida y la de tus seres queridos.

¡¡¡Rompe la cadena ahora, no la heredes a tus hijos!!!

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